CRITICA CARLOS DELGADO:

El paisaje es una construcción cultural, o lo que es lo mismo, una serie de ideas y sensaciones que elaboramos a partir del lugar que contemplamos. Martín Pérez Irusta emprende su trabajo con un alto grado de despojamiento figurativo y filtra el paisaje a través de un complejo proceso de introspección; esto no quiere decir que deforme lo que observa, sino que modula la presencia de la realidad hasta convertirla en un acontecimiento plástico. De este modo, Martín Pérez Irusta va difuminando progresivamente el referente físico y afirmando un sutil diálogo entre la luz y el color. Ambos elementos dan entidad a su idea del paisaje, encarnan su presencia y proyectan hacia el espectador una pintura serena, sutil en su construcción y plena de matices que siempre requieren una mirada atenta.

Carlos Delgado, Octubre 2012, Las Rozas, Madrid

 

CRÍTICA IÑAKI RUIZ DE EGUINO

PINTURA QUE DESVELA LOS PAISAJES DEL ALMA:

Dos vertientes creativas se dan en la pintura de Martín Pérez Irusta.
Su faceta de arquitecto, diseñador e ilustrador, lo incita a desarrollar la figuración, donde la ciudad queda reflejada a través de edificios singulares, avenidas habitadas, que se extienden hacia espacios verdes en sus parques y jardines.
Una realidad donde aflorando un cierto halo romántico, invade el lienzo.
Al recrear espacios abiertos, el pintor se propone trasladarnos a la playa. Junto al mar surge otro modo de hacer pintura donde la figura humana es la protagonista.
Después el horizonte se diluye y nos desvela la luminosidad de los cielos cambiantes donde se percibe el silencio. Silencio fruto de la atenta observación, que hace posible emerger su vertiente puramente abstracta.
Formas-luz y texturas diluidas.
Aquí la soledad del hombre queda convertida en la auténtica realidad.
En estas abstracciones depuradas, lumínicas, Martín Pérez Irusta nos descifra el espacio interior del hombre, y el espacio recóndito del mundo.
Su paleta derrama luces y el pincel se explaya para desarrollar jugosos espacios cromáticos.
Luz liberada. No existe aquí la conformación de figuras. Las formas pierden su virtud esencial y rompiendo con la realidad, nos comunican con otro mundo, este sensible al corazón, más que a la razón.
Decía Heráclito que: “La realidad se complace en ocultarse”.
Sí crear es hacer patente lo oculto, esta es la aventura plástica de Martín Pérez Irusta, hacer visibles los paisajes del alma a través de la pintura.

Iñaki Ruiz de Eguino
San Sebastián, 21/08/2008

 

CRÍTICA ANNA GROSSI:

UNA FINA COMUNICACIÓN INTERIOR:

Con gran intensidad de contenido, Martín poéticamente ha revisado la trama de su intensa capacidad expresiva, coloreando en lo estrecho de los sentimientos.
Un espíritu ágil y al mismo tiempo pacifico se desliza sobre la tela de sus composiciones elaboradas y técnicamente perfectas.
En su búsqueda, Martín ha ampliado la señal y ha llevado el lenguaje a definir en su mente, sofisticadas elaboraciones. Operaciones pictóricas que se transforman en expresiones poéticas en un natural traslado de la elección cromática y una sapiente búsqueda constructiva, donde pone en primer plano la existencialidad de los contenidos en relación activa con la realidad, sin distenciones.
Martín, abre como símbolo de comunicación, con dulcísima musicalidad su corazón a los valores cromáticos y al espacio que lo circunda, inducido de una instintiva urgencia de elaborar un lenguaje personal a través de una técnica que da inmediatez a su obra creando un elemento “acqua” (agua), el punto de reflexión para realizar composiciones que tienden a menudo al monocromo desarrollando gestos y tonos de color esfumado que se despliegan y se disuelven en marinas asombrosas. Siempre en movimiento, vibrantes e intensas. Aún cuando el mar parece distenderse en una aparente calma serena, la materia-color no es usada para describir. Mas bien para transmitir emoción.

Anna Grossi / Critica de Arte
14/09/2009 Roma, Italia.

 

CRÍTICA XESÚS CAMESELLE BEN:

EL PINTOR QUE JUEGA CON ATMÓSFERAS

Para convertir la pintura en un perfecto manantial de vibraciones no es preciso representar el paisaje, la naturaleza, las cosas tal como son; ni siquiera utilizar las reglas más elementales sobre la luz y el color para sumergirse en la magia de lo intemporal, porque la pintura no es lo que se pinta, sino como se pinta.
Pérez Irusta respira una lírica luminista que no concibe la pintura como una descripción caprichosa o barroca de las mutaciones atmosféricas.
Es un poeta de la luz que profundiza con los ojos del sentimiento en ese silencio, mezcla de visión y de memoria, que flota dentro de una luminosidad necesariamente dispuesta en las tinieblas, donde el sosiego y la inquietud, la fuerza y la ternura, la delicadeza y la vehemencia se funden y se confunden, de manera que cada obra suya es un canto al origen del mundo, al estado luminoso de la génesis, al torbellino alegórico de la atmósfera, de la tierra y el agua, en un universo íntimo, apenas material, donde el latido de lo extraordinario está entre tanta luz que estalla ante los ojos.
Pérez Irusta es un gran artista que sorprende en sus paisajes por la felicidad de su pincelada exquisita y misteriosa y su sorprendente capacidad para conjugar libertad de espacio, instantes eternos y colores radiantes que, magistralmente ordenados, quieren mostrar el sublime espectáculo de la poesía densamente navegando en la pintura.
La obra de Pérez Irusta fascina por su ámbito onírico, rutilante y ensoñador, y una hechura sabia, rigurosa y meditada desde su concepción hasta el resultado final.
Pintor excepcional y, sin duda digno de ser exaltado como maestro de la luz, Pérez Irusta es un excelente ejemplo de abstracción atmosférica ensamblada perfectamente con el secreto misterioso de la lírica.
Cuando un día decidió jugar con la luz a perseguir la vaga niebla que dialoga con las brumas, ese día estaba jugando a inventar uno de los espectáculos más maravillosos del mundo de la plástica.

Xesús Cameselle Ben
Redondela, Galicia, abril de 2008